Pintura realizada por una adolescente de 15 años internada por fuertes dolores luego de un trasplante de hígado y mal estar por picazón constante. No tenía experiencia previa en pintura y realizó este cuadro durante el segundo encuentro, a partir de una visualización guiada en la cual recordó un atardecer que había visto estando en su casa y quiso combinarlo con una montaña. Para lograr los efectos traslucidos del atardecer, se le enseño a utilizar una técnica de pintura aguada. Frente a su temor a arruinar el cuadro, se le recordó que al los errores se los podría cubrir o transformarse en otra cosa nueva. Eso la incentivó a continuar y lo hizo con gran facilidad.

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